The Diocesan Dialogue
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April 2007

Reflexiones de la obispa

Bishop's reflections

La semana pasada, visitando la Universidad de Utah, traía puesto un broche de mariposa en mi solapa; alguien desconocido se dirigió a mi diciéndome, “Yo pensaba que estamos en cuaresma. Porque utiliza un símbolo de Pascua?

Después, pensé, “Ella sabia un poco, pero no tanto!” La mariposa es ciertamente un símbolo de la resurrección de Cristo la cual celebramos en Pascua, pero no simplemente como un evento histórico –ni anual tampoco! Para todos nosotros es el regalo y la promesa de una nueva vida, la presencia de la resurrección de Cristo en y con nosotros todo el tiempo.

Los símbolos de esta nueva vida (abundante y eterna) están siempre con nosotros, así que no necesitamos esperar a que llegue el Domingo de Pascua para descubrirlos. De alguna manera, ese es el día en que escuchamos la historia que nos lleva a todos los símbolos en conjunto. Este entendimiento me ha ayudado a entender el porque la Navidad no me llega el 25 de diciembre, ni Pentecostés después de cincuenta días, ni la Pascua en el momento que trato de predicar acerca de ella!

Me gusta mucho nuestro calendario litúrgico, el cual nos señala las festividades y estaciones, pero las realidades que se conmemoran no corren solo anualmente. Relativamente son como pequeñas (y a veces grandes) “demostraciones” de algo que viene, algo que nos relaciona, algo que puede crecer o hasta reemplazar nuestro ser anterior.

Yo me pregunto, entonces, si no pudiera haber sido de ayuda para nosotros el recordatorio de algunas de estas “demostraciones” que han surgido en nuestras vidas, dándonos una luz a nuevas posibilidades y realidades, un sentido de llamado o movimiento, dirección o esperanza –en cualquier estación? Al momento, estas parecieran no tener un origen divino o hasta significativos; sin embargo en retrospectiva, seguido descubrimos que se han convertido en el sostén del ser cristianos, y en la fe que proclamamos.

Para mi, tal momento fue al escuchar a mi padre decir, “Dios esta con nosotros llorando esta noche” después de la muerte trágica de mi hermano menor. Yo tenia solamente 8 años de edad y no tenia ni idea, pero mas delante, cuando yo estaba luchando con un problema de sufrimiento, ese comentario “respondió” –a pesar de que no era “una respuesta” a ese problema.

Viendo un montón de trigo y un puñado de uvas en un pequeño vitral en mi primera Iglesia Episcopal, me vi liberada al realizar que yo era parte de ese puñado de uvas. Yo ya no tenía la necesidad de probar el ser “especial”.

Un pequeño niño tomo mi mano en un centro comercial un día.

El no me confundió con su madre, por lo que se vio, pero en cuanto nos pusimos a buscar a su madre, yo supe que por ese momento, el era mi niño.

La primera vez participe en una procesion con velas en la iglesia fue en la misa de noche buena, yo comencé a llorar. Algunas veces una palabra o un pasaje en la Biblia me impiden continuar leyendo. Cuando de repente una paz me Dios, dado libremente, y toda mi preocupación desaparece. Frases del Libro de Oración Común, o himnos, son señal de oración en mi corazón.

Tales recuerdos son pequeños y no tan pequeños, comunes y no tan comunes. Ellos no suspenden la disciplina de Letanía, pero algunas veces hay que mover cosas en el camino para que podamos seguir en curso, viendo la mano de Dios trabajando en nuestras vidas.

Las estaciones de Cuaresma y Pascua están siempre interconectadas, por el bien de nuestras vidas, la Iglesia, y el mundo. Que siempre sea así.

Fielmente, Carolyn

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