The Diocesan Dialogue
Current Issue
September 2007

Reflexiones de la obispa

Hace algunos años me contaron acerca de un incidente que sucedió en una de nuestras congregaciones más grandes de Salt Lake. Una pareja de visitantes había asistido al servicio principal un domingo, y durante la hora del café, le preguntaron a la administradora parroquial, que cuales eran las expectativas de los miembros de esa congregación. La administradora que me contó esta historia, me dijo que se quedo asombrada -nunca nadie le había hecho semejante pregunta y no supo que decir.

Esta historia se quedo en mi mente porque me pregunto que diría de nosotros si la respuesta fuera "No tenemos expectativas para nuestra gente." Estoy segura que la administradora en cuestión, encontró algo mas que decir, pero la pregunta, me continúa interesando.

¿Tenemos realmente expectativas? O ¿Esperamos que la gente las tome por osmosis, o estamos tan ansiosos de traer nuevos miembros que tenemos miedo de que al articular estas expectativas hacia nuevas personas las pudieran dejar fuera de la iglesia? O utilizamos la palabra "normas" y nos reservamos la oportunidad de hablar sobre estas a nuestras juntas parroquiales u otros grupos? O nuestras expectativas se pueden encontrar en nuestra misión/visión y esperanzas/ planes. Nuestras expectativas están simplemente ahí incrustadas en nuestra vida juntos y que solamente se muestran al tiempo que calladamente rechazamos a la gente que no se adaptan a estas.

Recientemente he notado que algunas congregaciones están siendo más directas y abiertas acerca de sus expectativas, ya sea que las llamen de esta forma o no. Una de nuestras iglesias abiertamente proclama sus principios de comunidad, enlistando estas de formas directa y honestamente y comunicándoselas a sus miembros. Estar abiertos al cambio y buscar persona cuando alguien ha herido a otro miembro.

En otra iglesia a los miembros se les ha pedido firmar un convenio entre ellos –no a la clase de convenio que algunos en la Comunión Anglicana tienen en mente, sino un compromiso, de asistencia, de crecimiento espiritual y de dar tiempo, talento y dinero.

Veo esto como un desarrollo muy positivo en el desarrollo de nuestras comunidades- primeramente porque es algo que surge de la iglesia local y se adopta, y no algo impuesto. Una clara excepción de esto es, nuestros votos bautismales y de ordenación, los cuales expresan ciertas expectativas. Los credos, siendo parte de estos votos son, "doctrina" en un sentido.

El Plan Diocesano "Living Boldy", también especifica áreas en donde se espera cierto crecimiento, algunas comunidades han adoptado estas áreas e inclusive los Objetivos de Desarrollo del Milenio, aparte de sus propios objetivos y aspiraciones. Son estas y/o las nuevas políticas, lo mismo que "expectativas" a pesar de que estas no surgen de nuestras comunidades locales? Es esto dirigido hacia nuestra naturaleza como episcopales en lugar de iglesias congregacionales?

Me gustaría escuchar de ustedes sus pensamientos acerca de este asunto sobre las expectativas que tienen que ver con la salud y vitalidad de nuestras congregaciones. Siempre hemos llamado a este periódico "Dialogo" pero raramente lo es. Pero podríamos hacer un esfuerzo para hacer de esto una excepción? Que es lo que ustedes observan como expectativas no articuladas de su congregación? Que propondrían como expectativas desde su perspectiva son las expectativas una señal de cuidado hacia su comunidad, o despreocupan algunas restricciones de algún tipo? Hablen amigos, su publicista los escucha!

Fielmente,
Carolyn

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