The Diocesan Dialogue
Current Issue
September 2007
Diáspora
La travesía de los israelitas desde Egipto hasta la tierra prometida fue un constante torbellino de emociones. Con un impresionante despliegue de poder y majestad, Dios los había librado de la dura esclavitud que les imponía el rey de Egipto. De allí salieron llenos de entusiasmo ante la perspectiva de una vida de libertad en la tierra de Canaán. Sin embargo, a poco andar se encontraron atrapados entre el Mar Rojo y el ejército del Faraón que los perseguía. Presa del terror, gritaron a Moisés con una mezcla de miedo y enojo.
Para la época en que llegaron a la tierra de Canaán habían visto una y otra vez la fidelidad con que Dios los protegía. No obstante, cuando los exploradores enviados a reconocer la tierra volvieron con noticias alarmantes, una vez más "olvidaron a Dios su salvador . . . y no creyeron en las promesas de Dios" . La experiencia fue, al parecer, una constante serie de altibajos emocionales.
¿Piensa usted a veces que se encuentra en un torbellino interminable en su relación con Dios? ¿Le parece que su fe sube y baja según lo que suceda? El Señor quiere que tengamos una fe firmemente afianzada en la promesa de que no hay nada que pueda separarnos de su amor. Este es el cimiento firme que nos sujeta, no las emociones pasajeras que olvidan los hechos, sino la gracia que se aferra a Jesús y a sus promesas. Nuestra fe es capaz de rechazar el miedo a la muerte y convencernos de la misericordia de Dios, por muy graves que sean nuestros pecados. ¿Cómo? Haciéndonos ver que está basada en la naturaleza incambiable del Padre, que ha prometido estar con nosotros para siempre.
Todos tenemos que crecer en fe. Lo que Dios nos pide es avanzar cada día, paso a paso, confiando en sus promesas. Si nos proponemos obedecer al Señor y tratar de entrar en su presencia cada día en la oración y la meditación de su Palabra, veremos que nuestra fe irá creciendo poco a poco. Si la palabra de Dios llena nuestra mente y las promesas del Señor pasan a ser la base firme de nuestros pensamientos y acciones, la fe se nos irá fortaleciendo y consolidando cada vez más.
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